Dominado por la ira, Zúñiga se abalanzó contra Burgos y empezó a golpearlo. Ya no le importaba que fuera más grande. Sólo quería dañarlo de algún modo y acabar, aunque sea por un momento, del abuso. Zúñiga sentía dolor en sus propios golpes, sus nudillos latían y parecían romperse. Estaba agotado al terminar su ataque. Nunca había sentido tanto alivio en su vida. Ahí frente a su contrincante, el gigantón Burgos, Zúñiga esperó recibir el primer golpe que, de hecho, lo iba a descalabrar.
martes, 12 de julio de 2011
lunes, 11 de julio de 2011
El Verano Interminable
Los chicos no paraban de pelear por el control hasta que el mayor frenó el asunto de un controlazo en la boca a su hermano. Trató de aliviar el llanto diciéndole que lo quería y que podía ver lo que sea. Ella no oyó el llanto de su pequeño a pesar de que fue muy fuerte. Los gritos en la cocina eran mucho mayores. Él pensaba en llorar ante su jefe. Perdón, él pensaba en llorar ante su ex jefe. Los bebes callaron al oír a sus padres subir las escaleras. El pequeño ocultó la herida de su boca con la almohada. En el baño, ella secó sus lágrimas. Él arrojó el cigarro por la ventana. Y por la media hora que duró el episodio de “Tres son Multitud” en el que el dueño del edificio piensa que Suzanne Sommers está enamorada de él, todo fue como se había planeado siete años antes.
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