Parado en el último piso del edificio más alto de Lima, Ramírez, trabajador del Hotel Westin, veía a las personas como hormigas. Sus actividades, las correrías en las calles, la búsqueda por espacio para estacionarse parecían no tener importancia desde esa altura. Se sintió la persona más importante de Lima y de todo lo que veía. Se sintió grande hasta que se dio cuenta que podía ver mucho pero no su casa en Comas. Pensó que Lima era demasiado grande y bajó decepcionado por el elevador de empleados.
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